Daniel Link-Consumos culturales

Fuente Blog de Daniel Link.

Por Daniel Link para Perfil

 

 

Ya está la navidad encima y los últimos esfuerzos laborales (boqueando), antes de entregarnos no al dolce far niente, sino al otium. Pero no puedo, todavía, entregarme al relajo veraniego (negotium es el año entero y todavía no ha terminado, me persigue).

Leo en un diario un informe de la consultora abeceb.com, según el cual los cines argentinos superarán los 40 millones de espectadores en 2011 (apenas por debajo del récord de 2004).

La noticia me alegra por razones seguramente diferentes a la de los dueños de los cines y los gerentes de las distribuidoras: demuestra cuan infundadas son las repetidas alarmas, la persecución a los usuarios que descargan material audiovisual, las denuncias penales contra sitios como cuevana (que sí, que no, que te mando a juicio o esperamos no sé qué), en definitiva: la falsa bandera de que el streaming o la descarga gratuita ponen en situación de vulnerabilidad a la industria cinematográfica (en este caso) o a las “industrias culturales” (esa aberración conceptual), en general.

Nada de eso, al menos en los centros urbanos (que son, como se sabe, cuevas de piratas): el 60 % del total de las salas del país se concentra en la ciudad de Buenos Aires y su zona metropolitana (que algunos llaman Conurbano) y el 67 % de las entradas vendidas corresponden a esa área (a un promedio de casi 4 entradas por habitante por año, contra 1 entrada en el resto del país).

Razones del crecimiento de los espectadores pueden ser la consolidación del formato 3D, la cantidad de promociones (2×1, etc.) que ofrecen los bancos, o el crecimiento exponencial del cine criollo (que pasó del 5 % en cantidad de estrenos de 1994 al 30 % en 2010).

No importa. Lo cierto es que los cines tuvieron un buen año; los fabricantes de gominolas y máquinas para hacer pochoclo, también; las distribuidoras llenaron sus arcas y todos contentos, salvo los abogados que se las van a ver en figurillas para seguir interponiendo demandas antipáticas y que no pueden prosperar.

Ya vendrán los sutiles analistas de mercados para decirnos qué diferente es el caso de la industria discográfica y que ellos sufren, sufren, sufren la copia clandestina de cds de Silvana Di Lorenzo. O los editores de libros, que se rasgarán las vestiduras para que nadie fotocopie ni escanee página alguna de los libros que publican.

Pero es difícil imaginar un comportamiento tan diferenciado por parte de las audiencias. Lo más probable es que los públicos sigan consumiendo según el mismo ritmo (para mi gusto, totalmente incomprensible y hasta censurable) los productos que se les ofertan. Si no contamos con estadísticas similares a las que la industria cinematográfica hoy nos regala es sencillamente porque la concentración de la industria del cine es mucho mayor y mucho más fácilmente cuantificables son sus operaciones.

Ya que el fin de año y los balances se aproximan, que digan los editores y los sellos discográficos cuántos libros y cuántos discos venden y después vemos si no es mayor el daño que ellos perpetran a los públicos que el que aducen que sufren sus bolsillos.

Fuente Blog de Daniel Link.


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