Hermano Vianna -¿Seré Contradictorio?

Fuente Blog de Hermano Vianna

Al final de cualquier tarde, uno de mis programas cariocas preferidos es dejar el ruido de los congestionamentos del centro de la ciudad y subir la cuesta del Monastero de São Bento, para penetrar en otra dimensión, en la celebración del Oficio Divino de las Vísperas, donde reina la calma del canto gregoriano, como si la realidad de afuera por algunos minutos no existiese, y mi ego se disolviese en el humo de los inciensos. Es raro que tenga tiempo para darme ese regalo, que tiene un efecto más poderoso que cualquier lexotanil. Pero incluxo cuando no estoy en la iglesia, el recuerdo de que los monjes están ahí, como infaliblemente están hace siglos, me conforta.Es tranquilizador saber que hay cosas que no cambian en el mundo, o cambian muy lentamente. Los monjes funcionan en mi extraña cabeza como un puerto seguro: lo que hay alrededor cambia (inquietos, construímos y destruímos perimetrales…), pero ellos permanecem alli entonando los mismos cânticos, a la misma hora.

Me gusta lo fijo, necesito lo fijo. Sin embargo, soy como Gilberto Freyre, “el más contradictorio de los hombres”. Venero – con el mismo fervor –lo fluido, lo inconstante, el cambio radical. Cuando una persona viene, con mucha convicción, a elogiar el si, me enojó, desconfío, o simplemente me divierto defendiendo el no. Y viceversa, es lo mismo. Cuando estoy entre ateos, encuentro todas las razones para ser creyente. Cuando estoy entre creyentes, me resulta fácil percibir lo que hay de inconsistente en la creencia. Eso puede ser terrible, estoy siempre un poco “por fuera”, nunca totalmente “adentro”, integrado. Pero ya me acostumbré. No sabria elegir entre el libro y el blog. En verdad, no entiendo porque tendria que elegir. ¿Por qué no puedo tener los dos, uno complementando al otro? Además, estoy seguro de que existe en el mundo lugar para los amantes de libros y amantes de blogs. Las dos tribus no precisan vivir en guerra.

Intento respetar el punto de vista de mis adversarios (tengo diferentes adversarios, dependiendo de la ocasión). En esta serie de textos sobre derecho de autor y dominio público busqué todo el tiempo el equilibrio.

Sé que soy identificado con uno de los lados del debate, lo que no consigue ver las ventajas, ni para los autores, en el endurecimiento de las legislaciones actuales de los derechos de autor. Estoy totalmente de acuerdo con Tim O’Reilly cuando declara: “Esos ataques legislativos no son motivados por un pensamiento claro sobre el futuro de internet o de la economía global, sino en vez de eso quieren proteger industrias arraigadas con modelos de negocios superados. En lugar de adaptarse y competir con nuevos y mejores servicios, esas compañías quieren que el congreso les den cobertura.”

Eso no quiere decir que estoy del lado de Google o de Facebook, mucho menos que sus ejecutivos sean mis héroes libertarios. Claro que esas empresas billionarias de internet no son pobrecitas – ellas están luchando por su dinero, tal cual Hollywood. Hasta ahora tengo más a agradecerle a Hollywood que a Facebook. Tengo pena de ver a una industria tan creativa como la del cine estadounidense, que ya iluminó tanto mi vida, terminar tan melancolicamente, defendiendo leyes que todos saben que están mal formuladas, peligrosas para libertades democráticas básicas y para el futuro de la innovación en la industria del entretenimiento. Dejar eso claro no me torna aliado de Facebook, de Apple, de Google. Ya escribí aqui sobre como todas esas empresas quieren transformar internet en sus “jardines amurallados”, donde tendrán control sobre todos nuestros pasos.

El oro día leí aterrorizado la noticia en la que Facebook revelaba las canciones que las personas más escuchan cuando empiezan o terminan sus noviazgos. Parecia bobo, información inútil o pintoresca. Interpreté el texto como un chantaje, como si la empresa (que probablemente estaba demostrando su fuerza como fuente para futuras investigaciones de marketing, de valor incalculable) nos dijiese: conozco todo de sus vidas, sus deseos más secretos, su sensibilidad más básica – ustedes están en nuestras manos. ¿Anuncio de un totalitarismo soft y divertido? Servidumbre voluntaria refinadísima. Imaginen lo que Google puede saber sobre cada uno de nosotros, si quisiera. Depender de una herramienta de búsqueda sóla, propiedad de una única empresa, es un error y un riesgo enorme (como antes era depender de un único sistema operativo, de Microsoft – por eso mi campaña cada vez más actual pro software libre). Conclusión: precisamos si de Marcos Civles de Internet, realmente democráticos, que nos protejan de todas esas amenazas, venidas de Hollywood o del Valle de Silício.

Voy a repetir lo que ya dije por aqui: es preciso estar atentos y fuertes. No tenemos tiempo de temer la vida digital. Incluso porque, querramoslo o no, no habrá vida de aqui en adelante sin lo digital, y lo digital conectado, en red, cada vez más micro, mezclado con todo, intercambiando información incluso entre objetos. No sirve meterse en una disputa boba, tipo “internet sólo produce basura” o “los medios tradicionales sólo producen basura”. Las dos producen mucha basura al lado de otras maravillas. Centralización y descentralización tendrán que aprender a convivir, uno respetando la otra. La centralización fue el estándar dominante por mucho tiempo (pero no durante toda la historia de la Humanidad) porque no habia herramientas que tornasen la descentralización barata, eficiente y fácil. Ahora esas herramientas son abundantes. Pueden ser usadas para el bien y para el mal. Vamos a luchar para que el bien prevalezca.

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