¿Conclusión?-Hermano Vianna

Fuente Blog de Hermano Vianna
texto publicado en mi columna del Segundo Cuaderno de Globo el 16/03/2012

Para concluir esta serie sobre derecho de autor, voy a piratear dos pensamientos ajenos, un resumen de los mayores problemas de la economía de la cultura contemporánea, posdigitalización de todo. La primera cita es de Paul Tasi (gracias, Pedro Mizukami, por el link, vía Google+), que escribe sobre la industria de juegos eletrónicos en la revista Forbes: “Comprenda que la piratería es un problema de servicio”. Con mis palabras: no culpe a los piratas, la culpa es suya – usted, productor de contenido, que no sabe encontrar una manera barata y eficiente de vender sus productos para sus consumidores, aprovechándose de las facilidades que internet creó. Simple así: en lugar de gastar dinero haciendo lobby para que el gobierno aprobar leyes mal formuladas, queriendo eternizar modelos de negocios obsoletos, vayan a trabajar de verdad.

La segunda cita es más sorprendente. Viene del artículo de Michel Bauwens, fundador de la Peer-to-Peer Foundation (el término peer-to-peer, o P2P, se popularizó primero entre desarrolladores de redes de computadores, creando arquitecturas decentralizadas para el intercambio de archivos y tareas – hoy se refiere al intercambio decentralizado de cultura de forma general también), publicado en el site de Al Jazeera (gracias, José Murilo, por el link, también vía Google+): “Los mercados son definidos como maneras de asignar recursos escasos y el capitalismo es de hecho no sólo un sistema de ‘asignación’ de la escasez sino también un sistema de creación de escasez, que sólo puede acumular capital reproduciendo y expandiendo las condiciones de la escasez. Cuando no hay ninguna tensión entre oferta y demanda, no puede haber mercado y acumulación de capital. Lo que los “peer producers” están haciendo [...] es crear una abundancia de información facilmente reproducible [...] Eso no puede ser directamente traducible en valor de mercado, pués no es de ninguna manera escaso – es súperabundante.” (Bawens continua su texto defendiendo la opinión de que empresas como Facebook y Google no transforman directamente esa producción colectiva en lucro – no tengo espacio aqui para seguir su línea de razonamiento – para saber más lea el texto completo).

Siempre repito en esta columna: estamos reclamando de panza llena (que cosa más fea, como canta Zeca Pagodinho) – nuestro problema no es tener poco, sino tener demasiado. En base a esa abundancia hay una nueva relación del público con el mundo cultural como un todo, situación que la industria del entretenimiento tradicional no sabe como encarar – o no encontró la estrategia para se insertar en el nuevo momento como elemento decisivo; del centro pasa cada vez más a la periferia del gusto público, o de la producción pública (ya que el público ahora es también productor). Tal vez sus canciones se vendan menos, no por causa de la piratería, sino porque el público se dejó de interesar avidamente por ellas, y encontró otras maneras divertidas de hacer/consumir arte.

En esa nueva cadena productiva, hay dois aspectos que me parecem más relevantes. El primero tiene que ver con apropriaciones creativas de la producción de otros autores. En el ambiente “escaso” de las artes plásticas, eso tiene una larga histoia, desde el bigote que Duchamp colocó en la Mona Lisa al el proceso contra Richard Prince por el uso de las fotos de los rastafaris. Hoy, lo que era recurso erudito se transformó en diversión de masas: con softwares gratuitos de edición de video y sonido, y maneras fáciles de copiar contenido de los otros, todo el mundo puede producir arte remixado y divulgar el resultado al planeta.

Y todo el mundo puede utilizar esos programas también, que no exigen ningún estudio anterior, para – continuando con la música como ejemplo – cantar, tocar y dejar que la computadora afine o coloque en el ritmo el resultado. Suzanne Lainson, estratega de marketing, ya apuntó las consecuencias de esa abundancia en términos de negocios: “muchas personas haciendo alguna canción, pero muy pocas personas con fans pagantes en número suficiente para vivir de la música. Eso está OK, sin embargo. Si todos pudieran hacer música, es un mundo mejor.” Retornamos, por medios digitales, al mundo folclórico, donde producir arte y belleza era una actividad de todos y no de una clase especial de seres talentosos (esos siempre existirán, y encontrarán una forma para vivir de su talento especial).

Recuerdo lo que escribí en mi disertación de maestrado sobre el funk carioca, a fines de los años 80: “Los bilarines tienen una relación todavía más descartable con las músicas que se ejecutan en el baile. Como ya dije, ellos no conocen el nombre de los éxitos ni de los artistas [...] Generalmente no tienen discos en casa [...] El funk [...] es la música que más les gusta bailar. No muchoo más que eso.” En aquella época no habia funk de baile producido en Rio. Hoy hay miles de bailarines que também graban sus pancadões. Sin embargo la relación con esa producción continua funcional. Y es música para animar una fiesta, no para la eternidad. Y eso no quiere decir que sea peor música que aquella que los críticos consideran eternas.

Sites como Megaupload serán cada vez más necesarios, no para almacenar contenidos piratas, sino para hacer circular esa enorme producción: sin ellos no existiría mucho del nuevo panorama musical contemporáneo, totalmente indepiendente de las grabadoras. Nadie conseguirá parar ese proceso. La gente de la industria de contenido precisa dejar sus oficinas e investigaciones de laboratorio e ir a internet (la nueva calle), donde el futuro ya es.

Fuente Blog de Hermano Vianna

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