Contra la destrucción de cultura

Derecho a Leer

Respuesta pirata a sobre cómo la industria editorial justifica algunas quemas de libros

Por Pablo Q. y con consenso de nuestra Asamblea General

Con respecto a la nota publicada por Revista Ñ y la declaración de varios integrantes de la industria del libro, queremos sentar nuestra posición en apoyo a la donación de libros incautados a bibliotecas públicas y escuelas y contra la quema, destrucción y/o reciclado de los mismos.

Un fragmento de la ley a la que se refiere el artículo, cuyo número está equivocado, dice que “se dispondrá de inmediato su entrega a entidades de reconocidos antecedentes en la materia aquellos bienes con interés científico o cultural secuestrados en causas policiales”.

El año pasado se incautaron 100 mil ejemplares en 14 allanamientos simultáneos por una causa que tramita el Juez Daniel Rafecas y que impulsó la editorial Planeta. El abogado de Planeta, Pablo Slonimsqui asegura: “La ley es ambigua porque se redactó antes de que el pirateo de libros fuera un problema tan grande, y se refiere a bienes legítimos, y estos libros, no lo son, porque son falsos”. Creemos necesario aclarar que el término correcto es “infracción de derechos de autor” y no “piratería”.

En principio, la ley no menciona nada sobre bienes legítimos y bienes apócrifos. Que la ley haya sido redactada “antes de que la infracción de derechos de autor fuera un problema grave” es irrelevante. En todo caso, la decisión depende del juez interviniente según la interpretación que se haga de la ley.

Respecto de la legitimidad, es de suponer que los libros apócrifos a los que se hace referencia son tales debido a su condición de no haber sido editados e impresos por las editoras que poseen la autorización para tal efecto. Aunque su producción haya sido apócrifa, el contenido de los mismos es legítimo y por lo tanto, de interés cultural.

Según Gastón Etchegaray, presidente de la filial argentina de Planeta, “hay que destruir esos libros, porque atentan contra los derechos de autor y contra la cadena de valor del libro”. Sin embargo, matiza “lo mínimo que hay que hacer es reciclar el papel, tampoco se trata de hacer una hoguera”, lo cual no hace diferencia alguna para la cultura. Esos libros que ahora se pudren en un depósito no pueden afectar la cadena de valor del libro ni atentar contra los derechos de autor si son donados, ya que una donación no representa una venta (a menos, claro que los editores ganen dinero al reimprimir). Las donaciones no solo contribuyen a la cultura, sino que también difunden tanto las obras como los nombres de los autores, añadiendo valor.

Daniel Schiro, perito de la editorial Planeta, dice al respecto: “los libros que se venden soportan el peso de los que no. Hay que destruir esos libros porque son apócrifos. Si se quiere donar libros, y la editorial y el autor están de acuerdo, se hace otra tirada. Si se hace una donación, se hace bien”. Están dispuestos a sacrificar libros impresos, aquellos que habiéndo sido incautados no representan costos de producción para los editores, en aras de “hacer las cosas bien”.

De esto, podemos obtener la conclusión, partiendo de las declaraciones de los referentes de la industria literaria, que no les importa la difusión del conocimiento y de la cultura, sino sola y exclusivamente la rentabilidad y convertir a la cultura en una industria. Las declaraciones de estas mismas personas sobre sus esfuerzos por proteger a la cultura y al trabajo de los autores no es mas que el escudo con el que se cubren para justificar su accionar en pos de maximizar la rentabilidad y destruir la competencia.

Por todo lo expuesto, reiteramos nuestro apoyo a la donación de los libros a bibliotecas publicas y establecimientos educativos.

“Que el sentido de la moralidad no te impida hacer lo correcto” -Salvor Hardin.
La Fundación, de Isaac Asimov.

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