Lo que falta en los debates sobre reforma de propiedad intelectual

Lo que falta en los debates sobre reforma de propiedad intelectual

Hace unos días fuimos a un debate organizado por Via Libre, sobre reforma de la ley de propiedad intelectual. Estuvo entretenido, hubieron varios puntos interesantes (aca esta el resumen)

Un par de días después, veo esta nota de la fundación MIGRE, que me sorprendió mucho, porque muestra al evento como algo muy distinto a lo que fue.

Voy a suponer, que la autora del artículo no actuó deliberadamente de mala fe, sino que, como todo solemos hacer, llevo sus sesgos ideológicos al debate, y lo vio desde esa perspectiva.

Del artículo, da la sensación que los expositores eran un grupo de lobistas que querían que los artistas se mueran de hambre. Que planteaban que hay que desproteger a los artistas para proteger a los usuarios.

El debate estuvo lejos de eso, pero me da la sensación de que el problema de percepción pasa por nuestro posicionamiento en el debate. Los que abogamos por la reforma del derecho de autor, estamos acostumbrados a plantarnos en la vereda de enfrente de las grandes empresas de la industria, y de las sociedades que las agrupan, y a plantear la discusión contra ellos. Es decir, nuestro discurso está adaptado a contrarrestar el discurso de la industria (que es el actor de peso en esta cuestión).

Pero teniendo esa posición, estamos dejando de lado a quienes deben ser los beneficiarios de las leyes de derechos de autor, que ven como dentro de su estado de explotados, se quiere disminuir el mecanismo legal que les garantiza (en teoría) el ingreso.

El debate debería estar lejos de eso. El modelo de negocios de distribución cultural, para el cual esta pensada la actual ley, es un sistema industrial de altos costos, que es excelente en disminuir al mínimo la cantidad de dinero del consumidor que le llega al artista, y maximizar la que se queda el intermediario. Ese sistema podría considerarse necesario el siglo pasado, pero hoy gracias a las tecnologías de la información, la distribución cultural se puede hacer a casi costo 0, maximizando la transferencia de dinero entre el consumidor y el artista. Es el modelo de negocios Orsai, donde, una vez que los artistas descubran que el intermediario no es necesario, puedan centrarse en hacer cultura de calidad, enfocado al público que ellos quieran, y llevándose la mayoría de los ingresos, y no estar forzados a hacer lo que la industria pueda vender mejor, para luego recibir las migajas.

Es en ese contexto que falta interlocutores que representen a los artistas, pero que no estén ligados a la distribución bajo el viejo paradigma. SADAIC puede ser el órgano que junte a todos los músicos del país, pero también es el encargado de autorizar las reproducciones, cobrar por ellas y distribuir las ganancias (por lo general de forma pésima), quedándose con gran parte de la torta.

Hemos llegado muy lejos, de los años donde las reformas restrictivas del derecho de autor pasaban de forma unánime, y eran vistas como inevitables, a la realidad actual donde cada reforma es luchada con uñas y dientes, con grandes triunfos en los últimos años. Y este es el momento para empezar a plantear una reforma que actualice la ley a los nuevos tiempos. Pero necesitamos conseguir el apoyo de los artistas. Es con ellos de nuestro lado, que los argumentos de la industria se caen y quedan desvelado por lo que son, el intento desesperado por mantener un modelo de negocios, que va en contra del bien común, y en pos del bolsillo de unos pocos.

Posteado originalmente en: https://www.nicolasfar.com.ar/2013/10/14/lo-que-falta-en-los-debates-sobre-reforma-de-propiedad-intelectual/